
El Nahe siempre me ha confundido. Tarde mucho tiempo en descubrir la verdadera grandeza de estos vinos, hoy puedo decir, que algunos de los mejores vinos alemanes que he probado, proceden de las laderas de este afluente del Rhin.
Sus vinos pueden ser tan complejos y ricos como los mejores, con un destello de intensidad mineral. Pero creo que lo que realmente me ha seducido de ellos es esa aparente fragilidad, esa sutil elegancia, esa pureza radiante, como la poesía de la última etapa de Juan Ramón Jiménez, se hallan despojados de todo aquello que es superfluo para centrarse en la esencia, la nitidez, la pureza.

